Allí, no más abajo,ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,su buena educación, su nariz iría, y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano,para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades.
Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por amigo y compañero que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independiente sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros.
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Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él, en el crudo invierno, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje ionico en movimiento: mi perro elegido siempre enarbola su cola dorada frente a frente a la montaña nevada.
Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza y una alegría siempre descarada.
Adiós, fiel amigo y compañero....
